El Pais 9.12.10
Jose Maria Mena (fiscal)
Extracto de un artículo de opinión
Hay noticias de primera plana, y, de entre ellas, algunas de trascendencia mundial. Hay otras que solo alcanzan las páginas de información local. Estas parecen, a primera vista, anecdóticas, puntuales, poco trascendentes y, además, generalmente inconexas. Hace falta releerlas a la luz de aquellas noticias importantes, o de la realidad superior en que se alojan, para darse cuenta de que, lejos de ser noticias menores, son parte, aunque local, de una realidad global trascendente y guardan entre sí relaciones relevantes. Buena muestra de esto pueden ser dos recientes noticias locales. Una de las noticias es que el imán de Cunit ha sido condenado penalmente por coaccionar a una persona -una mujer- por incumplir los mandamientos de la única religión verdadera, la del imán. La condena, obviamente, no era una condena brutal, sino razonable, proporcionada, propia de un país democrático.
Cuando la convicción de poseer la verdad se ostenta con tenacidad y apasionamiento desmedidos, se alcanza el fanatismo
La noticia se complementa con la información según la cual el imán se muestra indiferente ante la, para él, benévola condena penal, incólume en su entorno personal y social, desafiante al sentirse portador institucional de la verdad, de su verdad. Este sentimiento de práctica impunidad, unido a la capacidad efectiva de seguir imponiendo sus concepciones de la vida y del comportamiento ajeno, conecta nuestra noticia de Cunit con otra, de trascendencia mundial, que nos viene preocupando desde hace tiempo.
Cuando la convicción de poseer la verdad es tal que se ostenta con tenacidad y apasionamiento desmedidos, se alcanza el fanatismo. El fanatismo religioso nos hace retroceder en la historia hasta cotas medievales. Cuando el fanático dispone de poder efectivo en su entorno, familia o comunidad, el peligro que implica para la sociedad democrática, pacífica y tolerante en que se desenvuelve es un peligro real y creciente. La puntual anécdota de nuestro imán de pueblo deja de ser una pequeña anécdota local.
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(el artículo sigue sobre una capilla en la UB)